(de mi hija Laila)
Y aunque sea difícil de creer, me desperté un día dispuesta a cambiar.
A no ser sólo un tiempo, sino una eternidad.
A no ser sólo un sueño, sino una realidad.
A no convertirme tan sólo en un recuerdo, si no en un buen recuerdo, en uno inolvidable.
A no quemarme los dedos por apagar otra vela.
A no preocuparme por los baches en mi camino, sino a disfrutar del viaje.
A prepararme para ser original, y también para ser copiada.
A aceptar que a veces, las lágrimas son una señal de felicidad callada, pero que también una sonrisa puede ser un signo de dolor silencioso.
A no tomar decisiones cuando estoy enojada, y a no hacer promesas cuando estoy feliz.
A vivir y no pretender.
A amar y no depender.
A escuchar sin defender y hablar sin ofender.
A no estresarme con gente que no merece ser parte de mi vida.
A conformarme con ser simplemente yo misma, sin compararme ni competir.
A encontrar las similitudes y respetar las diferencias.
A no preocuparme por lo que está bien o está mal, sino por lo que es importante.
A no ser empujada por mis problemas, sino liderada por mis sueños.
A seguir riéndome de mí misma, para nunca dejar de ser divertida.
A respetar lo que el destino determine para mí, pero siendo consciente de que yo tomo las decisiones; y aunque no me hayan tocado las mejores cartas, aún así puedo ser la mejor jugadora.
Y aunque a veces me equivoque ya nada me importa, yo sigo ensayando en ésta vida que cada vez me sale mejor.

No hay comentarios:
Publicar un comentario