9 nov 2011

SOBRE LA MORAL y LA CONDUCTA HUMANA

(de José Martí)

Nosotros encendemos el horno para que todo el mundo cueza en el pan.
Yo, si vivo, me pasare la vida a la puerta del horno, impidiendo que le nieguen pan a nadie, y menos, por la lección de la caridad, a quien no trajo harina para él.
Es necesario poner de moda la virtud.
Un principio justo, desde el fondo de una cueva, puede mas que un ejército.
La felicidad existe sobre la tierra; y se la conquista con el ejercicio prudente de la razón, el conocimiento de la armonía del universo, y la práctica constante de la generosidad.
El que la busque en otra parte, no la hallará: que después de haber gustado todas las copas de la vida, s´plo en esas se encuentra sabor.
Tal como es admirable el que da su vida por servir a una gran idea, es abominable el que se vale de una gran idea para servir a sus esperanzas personales de gloria o de poder, aunque por ellas exponga la vida.
El dar la vida sólo constituye un derecho cuando se la da desinteresadamente.
El talento viene hecho y trae consigo la obligación de servir con el al mundo, y no a nosotros, que no nos lo dimos.
De modo que emplear en nuestro beneficio exclusivo lo que no es nuestro, es un robo.
La cultura, por lo que el talento brilla, tampoco es nuestra por entero, ni podemos disponer de ella para nuestro bien, sino es principalmente de nuestra patria, que nos la dio, y de la humanidad, a quien heredamos.
Es un ladrón el hombre egoísta.
El que pudo ser antorcha, y desciende a ser mandíbula, deserta.
El niño, desde que puede pensar, debe pensar en todo lo que ve, debe padecer por todos los que no pueden vivir con honradez, debe trabajar porque puedan ser honrados todos los hombres, y debe ser un hombre honrado.
El niño que no piensa en lo que sucede a su alrededor, y se contenta con vivir, sin saber si vive honradamente, es como un hombre que vive del trabajo de un bribón, y está en camino de ser bribón.
Cada ser humano lleva en si un hombre ideal, lo mismo que cada trozo de mármol contiene en bruto una estatua tan bella como la que el griego Praxiteles hizo del dios Apolo.
Es deber del hombre levantar al hombre: se es culpable de toda abyección que no se ayuda a remediar: solo son indignos de lástima los que siembran traición, incendio y muerte por odio a la prosperidad ajena.
Hay hombres que viven contentos aunque vivan sin decoro.
Hay otros que padecen como en agonía cuando ven que los hombres viven sin decoro a su alrededor.
En el mundo ha de haber cierta cantidad de decoro, como ha de haber cierta cantidad de luz.
Cuando hay muchos hombres sin decoro hay siempre otros que tienen en si el decoro de muchos hombres.
Esos son los que se rebelan con fuerza terrible contra los que les roban a los pueblos su libertad, que es robarles a los hombres su decoro.
En esos hombres van miles de hombres, va un pueblo entero, va la dignidad humana.
Por maravillosa compensación de la naturaleza aquel que se da, crece; y el que se repliega en si, y vive de pequeños goces, y teme partirlos con los demás, y sólo piensa avariciosamente en beneficiar sus apetitos, se va trocando de hombre en soledad, y lleva en el pecho todas las canas del invierno, y llega a ser por dentro, y a parecer por fuera, insecto.
Un hombre no es una estatua tallada en un peso duro, con unos ojos que desean, una boca que se relame, y un diamante en la pechera de plata. Un hombre es un deber vivo; un depositario de fuerzas que no debe dejar en embrutecimiento, un ala.
A la raíz va el hombre verdadero.
Radical no es mas que eso: el que va las raíces.
No se llame radical quien no vea las cosas en su fondo.
Emplearse en lo estéril cuando se puede hacer lo útil; ocuparse en lo fácil cuando se tienen bríos para intentar lo difícil, es despojar de su dignidad al talento.
Todo el que deja de hacer lo que es capaz de hacer, peca.
Otros hombres famosos, todos palabra y hoja se evaporan.  Quedan los hombres de acto; y sobre todo los de acto de amor.
El acto es la dignidad de la grandeza.
El deber es feliz, aunque no lo parezca, y el cumplirlo puramente eleva el alma a un estado perenne de dulzura.
El amor es el lazo de los hombres, el modo de enseñar y el centro del mundo.
De veras que hablan los hombres demasiado de peligros.
Espántense otros de los riesgos sanos y naturales de la vida; ¡nosotros no nos espantaremos!
Nace el guao en el campo del hombre laborioso, y silba la serpiente desde sus agujeros escondidos y brilla el ojo de la lechuza en los campanarios; pero el sol sigue alumbrando los ámbitos del cielo, y la verdad continua incólumne su marcha por la tierra.

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