20 oct 2011

ODIOSA MADRE


Algún día, cuando mis hijos sean lo suficientemente grandes para entender la lógica que motiva a los padres, les diré:

Te amé lo suficiente para preguntarte a donde ibas, con quien y a que hora regresarías a casa.

Te amé lo suficiente para insistir en que ahorraras tu dinero para comprar una bicicleta, aún cuando nosotros podíamos comprártela.

Te amé lo suficiente para callarme y dejarte descubrir por vos mismo que tu nuevo amigo era un imbécil.

Te amé lo suficiente para fastidiarte y estar encima de tí dos horas para que arreglaras tu cuarto, un trabajo que me hubiera tomado seguramente no más de quince minutos.

Te amé lo suficiente para dejarte ver mi ira, desilusión y lágrimas, pues los hijos deben entender que los padres no somos perfectos.

Te amé lo suficiente como para dejarte que asumieras la responsabilidad de tus acciones, aunque los castigos muchas veces me hicieran doler el corazón.

Pero, sobre todo, te amé lo suficiente para decirte que NO cuando sabía que me odiarías por ello. Esas fueron las batallas más difíciles para mí, pero estoy contenta porque las gané al haber ganado tú.

Algún día cuando tus hijos sean lo suficientemente grandes para entender las lógica que motiva a los padres, les dirás:

¿Tu mamá es mala? ¡La mía si que lo era!¡Era la mamá más mala que había en todo el mundo! Cuando otros niños desayunaban caramelos ella nos hacía comer cereal, leche y tostadas. Cuando otros niños almorzaban con gaseosas y galletas, nosotros teníamos que comer carne y ensalada...Y puedes estar seguro que nuestras cenas también eran diferentes a las de los demás niños.

Mi mamá insistía en saber donde estábamos todo el tiempo, como si estuviéramos en una prisión. Ella tenía que saber quienes eran nuestros amigos y que hacíamos con ellos.

Me da pena admitirlo, pero ella nos explotaba haciéndonos trabajar... ¡a nosotros que éramos unos niños! Nos hacía lavar los platos, sacar la basura, darle de comer al perro, arreglar nuestro cuarto y toda clase de trabajos forzados similares a esos.

Ella insistía en que dijéramos la verdad y nada más que la verdad.

Cuando llegué a la pubertad...¡ella me leía la mente! Era desesperante vivir con ella. Estaba pendiente de que nos cepilláramos los dientes, que nos bañáramos, que hubiéramos hecho las tareas.. A veces hasta pensé en irme de casa.

Por culpa de mi mamá me perdí muchas experiencias que tuvieron otros chicos. Por su culpa nunca probé droga, nunca tuve problemas con el alcohol, nunca fui preso ni integré una pandilla. Por su culpa nunca me hirieron el cuerpo ni el alma. Por su culpa conocí a Dios... Sí... ¡Todo por su culpa!

Ahora que estoy sola en nuestra casa, bien educada y soy una adulta honesta, procuro hacer lo mejor que puedo para ser tan mala como fue mi madre porque ya tengo perfectamente en claro que lo que este mundo necesita es...¡muchas más madres tan malas como la mía!

No hay comentarios:

Publicar un comentario